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MÚSICA PARA LA ETERNIDAD EN LA RED, Ave Verum y Requiem

noviembre 2, 2011

Mis queridos amigos de Comunicar:

Al día de hoy, de todos los Santos, le sucede el día de los difuntos, a
punto de iniciarse mientras escribo estas líneas. El cielo suele llorar en
ambos días y la bendita lluvia penetra en nuestro espíritu y nos hace
sentirnos algo más partícipes de la vida con sus luces y sombras.

¿Quién está libre de haber sentido la congoja de una pérdida, la pérdida de
un ser querido? Es difícil encontrar calificativos para esta verdad
absoluta de la vida que es la muerte. Si la persona querida es anciana, ha
vivido bien y suficiente tiempo, solemos calificar su muerte de “natural”
con el objeto de consolarnos. Si hablamos de pérdidas por atentados,
desastres naturales o accidentes, solemos calificar las muertes de
“aterradoras” o “inexplicables” porque al dolor de la pérdida se añade el
factor sorpresivo y el desconsuelo parece insuperable. Pero la pérdida más
cruel a mi modo de ver es la de un hijo o una hija. Aquí ya los
calificativos de “antinatural” y “brutal” quedan cortos si pensamos que no
hay palabra en el diccionario que recoja tan terrible acontecimiento. Si una
persona pierde a su madre o a su padre queda huérfano, si pierde a su pareja
queda viudo o viuda … ¿y si pierde a su hijo? Un abismo se levanta ante
él.

Afortunadamente y frente a estos infortunios de la vida existen maravillas
como la música, bálsamo que ayuda a cicatrizar las heridas del alma y a
fortalecer el espíritu. En el día de hoy os invito a escuchar algunas de las
obras maestras creadas para este fin por nuestros grandes compositores.

Para pensar en el misterio de la vida y la muerte, al margen de nuestras
creencias, se requiere emoción interior, profundidad y una enorme humildad
ante la grandeza de todo lo que nos rodea … y eso es lo que siento en
estos momentos al escuchar el Ave Verum Corpus de Mozart K618 dirigido con
recogimiento y devoción por Leonard Bernstein; o al contemplar una vez más a Andrea Bocelli cantando este Ave Verum en el funeral de Luciano Pavarotti (6 de septiembre de 2007). El acento dulce y triste de esta pieza refleja para
mí la aflicción que cualquier madre podría hallar ante el cuerpo inerte de
su hijo. Al escucharla se puede reencontrar una ternura “antigua”, perdida y
olvidada en nuestros corazones.

El Ave Verum de William Byrd, es otra delicia que podéis escuchar en la Red,
interpretado por un cuarteto de solistas, por un coro en la catedral de
Canterbury, … transporta igualmente nuestro espíritu y nos hace
detenernos en un tiempo, tan penetrante como el poder de la vida o tan
eterno como la muerte.

Y después de “abrir boca” con el Ave Verum, os recomendaría el Requiem de
Mozart en Re menor, K 626, que nos transporta y eleva a lo etéreo. Es
conmovedor en cualquiera de sus partes: El Dies Irae, el Confutatis, el
Lacrimosa, … escrito por el compositor en su lecho de muerte, presenta una
extraordinaria fuerza expresiva que refleja la genialidad de su creador.
Esta obra inacabada parece un testamento espiritual que habla del profundo
cambio del ser humano ante el misterio de la muerte. Personalmente,
destacaría la versión de Jordi Savall, grabación realizada para el Concierto
de las Naciones en la Capilla Real de Cataluña, con una concepción de
interpretación en la que se cuidan las condiciones propias de la época en
que se escribió: instrumentos de época con afinación a 430 hz., solistas y
conjunto vocal reducido a 20 participantes con las voces cansadas para
revivir el fervor católico y la esperanza de la misericordia divina.

Me resisto hoy a colocar enlaces en el texto, a “hipervincularlo” pues son
tantas las versiones de estas joyas musicales que os propongo, y es tan
fácil llegar a ellas escribiendo en Youtube Requiem o Ave Verum, que dejo a
vuestro criterio elegir la que más se ajuste a vuestro tempo interior y personalidad.

Y para terminar, os aconsejo contrastar este Requiem en sus múltiples
versiones con los de otros compositores como Verdi, Brahms, Fauré o Britten
y disfrutar de la “eternidad” de música apropiada para este día en versiones
de calidad que nos ofrece la Red.

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4 comentarios leave one →
  1. Francisco Pavon Rabasco permalink
    noviembre 2, 2011 6:23 am

    He de confesar que tras visitar ayer a mis familiares difuntos en el cementerio de Iznajar, la lectura del post con la música de fondo de un Requiem, me ha emocionado tremendamente. Gracias.

  2. José Antonio Márquez permalink
    noviembre 3, 2011 12:34 pm

    Una intensa y buena reflexión para estos días tan grises. La música se convierte en una terapia, un modo de vida y un sustento sin el cual, solo queda el silencio… Quizás lo que más conmueve de todas estas obras es la huella emocional que dejan estos autores y que a pesar de vivir en tiempos pasados ha conectado con nosotros.

    Muchas gracias Sara, un post magnífico.

  3. Isabel permalink
    noviembre 3, 2011 5:59 pm

    Gracias Sara por la emoción que he experimentado al leer tu artículo. Sé que eres una persona de gran sensibilidad y comparto que la buena música que nos propone debería formar parte de nuestras vidas, seguro que estaríamos más relajados y nos ayudaría a entender algunos misterios de la vida . !ENHORABUENA!

  4. Vicenta permalink
    noviembre 3, 2011 6:23 pm

    Un artículo muy emotivo en un día tan especial.
    La muerte es momento de elevar nuestra alma a lo transcendente y esa música consigue esa elevación.
    Gracias por recordárnoslo.

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