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Aularia: Las botas de Charles Chaplin. Lecturas diferentes, Chaplin y Quino

noviembre 15, 2013

099 quino chaplinLa realidad puede verse desde muchos puntos de vista y los creadores de imágenes utilizan su propia sensibilidad y las técnicas a su disposición para contar una historia. Los espectadores, a su vez, leen los productos conforme a su criterio, conocimiento o estado de ánimo.

En este artículo sus autores, Ilda Peralta y Enrique Martínez-Salanova, exponen en forma de relato cómo diferentes sensibilidades pueden “cambiar” la visión de la misma realidad. La interpretación del hambre que hace Chaplin en la famosa secuencia de las botas, la interpreta en una viñeta el dibujante Quino, de forma magistral, realizando diferentes interpretaciones.

En la película de Charles Chaplin La quimera del oro, (1921), el protagonista vagabundo, es un buscador de oro en Alaska, donde llega, junto a su compañero de fatigas, el grandullón Big Jim McKay, a pasar un hambre infinita, en una perdida cabaña rodeada de nieve. En ese entorno tan reducido se dan las más importantes secuencias de esta historia, ya clásica, llena de hambre y esperanza, que ha dejado a la historia del cine alguno de sus mejores momentos, la cabaña en el borde del precipicio, la visión de Big Jim de su amigo como una gallina a la que está a punto de comer… y sobre todo, la secuencia en la que Chaplin, tras comerse una vela, con sal, hace hervir una de sus botas, como un gran cocinero, rociando periódicamente la comida con el caldo y se la come, no sin antes compartir a la fuerza el «mejor» pedazo, el cuero, con su gordo amigo. Él queda con la suela y los clavos. La secuencia en la que Chaplin se come la bota se ha convertido en una de las secuencias más famosas de toda la historia del cine

La sensibilidad de Quino, logra que los chistes busquen una sonrisa como medio de enfrentarse a la cruda realidad. El enfoque crítico de la realidad no impide que sus historias estén llenas de ternura y muestren una honda simpatía por las inocentes víctimas de la vida (empleados, niños, amas de casa, pensionistas, oscuros artistas…), sin ocultar sus fallos y limitaciones. Pero incluso en sus caricaturas de jefes opresivos y burócratas sin sentimientos se atisba cierta simpatía, por ser a su vez víctimas de su propia estupidez.

La óptica de Quino es crítica, ácida a veces, pero siembre respetuosa y tierna. Un gran dibujante que busca la reflexión a partir del humor.

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