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Vitor Reia, el educomunicador que lanzó puentes…. In memoriam 17-08-2018

agosto 17, 2018

Hoy todos los educadores y comunicadores del mundo lloramos la pérdida de uno de los referentes más señeros y sabios que ha tenido la educomunicación en los últimos decenios.

vitor-reia-baptistaVitor Reia Baptista no sólo fue la primera luz de la pedagogía de los medios en Portugal. Desde su pequeño Faro en el Algarve portugués, iluminó el país, la península y casi toda Europa de su sabiduría como persona y como profesional. Los que tuvimos la suerte de conocerlo y vivirlo de cerca, disfrutamos de su talante, su mirada profunda, su palabra certera. Su sencillez de espíritu se hacía real en su saber estar y sobre todo en su facilidad de lenguas: inglés, francés, sueco, español… y por supuesto un portugués dulce y musical que cautivaba a los neófitos con su conversación pausada y sus sensatas conferencias sobre el mundo de la comunicación y la educación, sometido permanentemente a cambios acelerados. Primero fue la prensa, pero pronto le apasionó el cine (su gran pasión), la radio, los nuevos medios… Siempre actualizado y sensato fue la voz educomunicativa más potente y ejemplar de nuestro querido Portugal en Europa por decenios.

vitor-02Se me amontonan los recuerdos en este día triste que lo despedimos de este mundo, pero su memoria queda, aun si cabe, más fuerte y persistente que la propia realidad. La historia se revive incluso con más fuerza que el presente. Recuerdo nuestros viajes a Bolonia con proyectos europeos, o a Bruselas o a París… Se amontonan las imágenes de encuentros, jornadas, semanas de cine, seminarios… siempre lanzando puentes y buscando ese pan-iberismo que siempre le caracterizó. En 1995 organizamos juntos nuestro primer encuentro hispano-luso que para entonces era un reto entre la balbuciente Universidad de Huelva, recién creada y la vecina Universidade do Algarve. El encuentro, presagio de su vida y de nuestra perpetua relación como “irmaos” (hermanos), lo titulamos “Lançando pontes, abrindo fronteras” (Lanzando puentes, abriendo fronteras), en sintonía con el recién estrenado puente internacional que abriría el río Guadiana por primera vez a los dos países por el sur.

Toda su vida fue justa y simplemente esto: romper fronteras, diseñar puentes en un mundo convulso donde la educación tenía que ser el faro permanente para la comunicación. Europa pierde con Vítor uno de los más grandes educomunicadores con mayor visión del continente. Su vida fue siempre un peregrinar. Desde joven optó por la democracia y su oposición a la dictadura de Salazar… viajó por todo Europa (Paris, Alemania…) y terminó en Suecia donde muy pronto comenzó a dar clases de profesor universitario en Lund. En ese país tuvo la suerte de conocer a la maravillosa Margot, una sueca única que le acompañaría en todos sus peregrinajes y que sería su pareja del alma. El alba de la democracia portuguesa y la creación de la primera universidad del sur del Portugal empujaron a la joven pareja del frío nórdico a los calores sureños del Algarve… Vítor “fundó” casi la Universidad del Algarve y esta sería su casa, su morada, de por vida, pero siempre trascendió lo local, lo provinciano… Él había vivido ya “Europa” antes de que esta se conformara y veía en el proyecto europeo la proyección de nuestros jóvenes hacia un mundo más democrático y tolerante.

Su talante tranquilo, su tono moderado, su hablar pausado… no parecían sintonizar bien con su ideología progresista, su visión europeísta, su actitud iconoclasta y heterodoxa… Su tesis de graduación desde Suecia fue sobre “la pedagogía hereje del cine de Buñuel”. Desde el norte miró con asombro el cine universal buñuelista desde su perspectiva rompedora… marcándole su vida (siempre proyectábamos los dos ir a Calanda para darnos una dosis de 24 horas de zumbido de los tambores con nuestro amigo aragonés Fandos… sin duda, nos quedó como tarea pendiente a los tres para la otra vida y lo haremos…).

Tuve la suerte de vivir muchas cosas con él… trabajar los dos a fondo y en paralelo en nuestras tesis doctorales que hablaban de cosas que aun nadie decía y que fueron precursoras de los nuevos tiempos… Conté con la fortuna de presidir su tribunal de “tese de doutoramento” y luego de estar en su plaza de Agregado… Me sentí como un discípulo examinando a su maestro, pero disfruté, como siempre, de su verbo infinito, su palabra transparente y su sensatez de un hombre bueno y revolucionario al mismo tiempo.

Los 25 años de la revista “Comunicar”, que se cumple en este mismo octubre, son también el cuarto de siglo de Vítor Reia; él siempre estuvo ahí, desde el inicio, empujando, animando, sonriendo… él era nuestra cara portuguesa, sentida y vivida.

Paseamos los dos por muchas partes de España y Portugal… pero recuerdo especialmente la noche de fados en su Alfama natal, recorriendo ruas infinitas con la luz anodina de la noche lisboeta… Era un lujo como maestro, como profesor, como amigo… y en el entorno mágico de los recuerdos de su infancia se descubría aun más ese ser maravilloso que llevaba dentro.

Compartimos muchas complicidades y muchos ratos distendidos en su casa y en la mía… con nuestras barbacoas infinitas… de carapaus (jureles) frente a la virginal isla de Fuzeta (Portugal) o su hermana gemela en Nueva Umbría (España)… enamorados del mar océano y del cielo y de la tierra del sur, con nuestras almas gemelas Amor y Margot.

Luchó hasta el último momento… y siempre quiso seguir en la brecha dando luz… nos quedaron muchas cosas pendientes: tesis compartidas (la de Filipa), viajes a Brasil (con nuestra querida Gabriela)… y nuestros tambores de Calanda que ahora, hoy y durante muchos días, retumbarán en un homenaje permanente y eterno a un hombre grande y sencillo, revolucionario y sabio, emotivo y sentimental… un hombre bueno y un excelente educomunicador…

Vítor era un vitalista radical que creyó en las personas de forma universal. Para este día de su tránsito, estoy convencido, nunca quiso tristeza… sino felicidad eterna… alegría de vivir y de recordar momentos inolvidables.

¡Vítor, no te vas!… Sigues siempre con nosotros, no solo porque te necesitamos como antorcha, faro educomunicador, sino porque la memoria de la gente buena es más fuerte y persistente y eterna… que la propia realidad.

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